Cada vez más bodas de oro


Presentamos en nuestro Blog un artículo sobre bodas de oro en Suecia. Con el incremento extraordinario de la esperanza de vida en España a todas las edades, y otros factores, es posible que sigamos un camino similar. ¿Para cuándo un estudio sobre bodas de oro en España?

Agradecemos a sus autores el permiso para publicarlo.

Reblogueado desde https://www.scb.se/sv_/Hitta-statistik/Artiklar/Allt-fler-guldbrollop/



Autores:

Carin Lennartsson, Aging Research Center (ARC), Karolinska Institutet, Stockholm

Gerdt Sundström, Institute of Gerontology, School of Health Sciences, Jönköping

Petter Wikström, Swedish Central Bureau of Statistics.

 

Vivimos más tiempo, lo que permite matrimonios más largos. A pesar del aumento de divorcios en el siglo XX, cada vez hay más personas que viven un matrimonio que dura 50 años o más.

bodas de oro fotos

Tradicionalmente, los aniversarios de bodas de 25 y 50 años se han presentado como algo extraordinario y los llamamos bodas de plata y bodas de oro, respectivamente. En 1975, 8.000 parejas pudieron celebrar sus bodas de oro y esta cifra aumentó durante la mayoría de los años hasta 1996, en que se alcanzaron las 19.000. El número ha aumentado nuevamente en los últimos años y en 2016, 22.000 parejas pudieron celebrar sus bodas de oro. Es una cifra históricamente alta. Hace 100 años, uno tenía que estar agradecido si celebraba sus bodas de plata. Muchos ancianos casados ​​estaban entonces en su segundo o tercer matrimonio. Hoy,  una pareja de novios de oro es a veces noticia más común en los periódicos locales que una pareja de novios normal.

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Nacimientos, Defunciones y Matrimonios, España 2014


(Publicado originalmente en Apuntes de Demografía, Blog de Julio Pérez Díaz, del Departamento de Población del CSIC. Consultar original en Nacimientos, Defunciones y Matrimonios, España 2014.)

El INE publicó ayer la nota de prensa que cada año  resume los resultados provisionales  de las Estadísticas del Movimiento Natural de la Población (el MNP). Estas estadísticas recogen la anotación de nacimientos, defunciones y matrimonios en los registros civiles de todo el país, los depuran y unifican, y proporcionan así datos esenciales en demografía, relativos a los flujos de entrada y salida de la población (el crecimiento vegetativo).

Los meros flujos de acontecimientos, analizados como series anuales, son ya una información relevante en sí misma, pero cuando adquieren importancia real es cuando, en forma de cocientes, se ponen en relación con otras magnitudes, generalmente las poblaciones. Se obtienen así indicadores como las tasas o las probabilidades para cada edad y, en un escalón aún mayor de generalidad, indicadores sintéticos, como la esperanza de vida o la fecundidad, que resumen y sintetizan el comportamiento general de todas las edades en un ciclo de vida “tipo”.

Puesto que las notas de prensa del INE tratan sobre los principales resultados, son breves (esta es de apenas una decena de páginas), se apoyan en material gráfico muy intuitivo y su estilo es divulgativo, os recomiendo echar una ojeada (con hacer este ejercicio de lectura rápida una vez al año se consigue tener una imagen magnífica sobre la dinámica natural de la población del país).

No hubo cambios dramáticos o rupturas en 2014, tan temidos por la crisis o esperados por añoranza de un pasado idealizado. El crecimiento natural sigue reduciéndose (fue de 31.678 personas), pero esto ocurre en prácticamente todos los países de dinámica demográfica avanzada. La intensísima inmigración de los años previos a la crisis rompió esta tendencia (con un incremento notable de nacimientos y del crecimiento vegetativo, más de 134.000 personas en 2008), pero la demografía de fondo es tozuda; una población como lo nuestra, incorporada al club de las que han revolucionado la eficiencia reproductiva al dotar de muchos años de vida a los que nacen, conduce a dinámicas nuevas en términos históricos.

No tiene precedentes esta esperanza de vida, que sigue subiendo año tras año (en 2014 también los hombres superaron los 80, y las mujeres se situaron en 85,7; compárense con los 34 años de 1900). Contra lo que se interpreta a menudo, este no es un resultado de los avances geriátricos. Resulta de un esfuerzo colectivo mucho más amplio que empieza desde la propia concepción y el nacimiento, y se va acumulando a lo largo de todas las edades posteriores. La modernización demográfica empezó por mejorar la infancia y conseguir que los que nacen vivan para poder tener sus propios hijos. Esto implica incrementar la atención a cada nacido, pero cuando se consigue ya no hacen falta fecundidades como las tradicionales y, de hecho, el crecimiento demográfico se acelera a la vez que el número de hijos por mujer se reduce, y la calidad, salud, educación y productividad por persona se disparan .

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