Los mayores LGTB no se sienten visibilizados ni reconocidos


Isabel Fernández Morales, Envejecimiento en red

La realidad de las personas mayores LGTB, sigla compuesta por las iniciales de las palabras lesbianas, gais, bisexuales y transexuales, no es demasiado conocida. Diversas asociaciones e iniciativas tratan de dar a conocer su situación y sus necesidades. En la semana del WorldPride2017 dirigimos nuestra mirada a este colectivo en el que los más mayores no se sienten visibilizados.

Leía estos días una tesis doctoral de la trabajadora social Marina García (Vejez y homosexualidad), presentada en la Universidad de Murcia en 2015, y que se ha dedicado al estudio de la vejez y la homosexualidad. Pues bien, decía que la diversidad sexual en la vejez ha aparecido hace bien poco en los estudios sociológicos y han sido las propias personas mayores lesbianas, gais, transexuales, bisexuales e intersexuales  quienes han impulsado y traído a la arena institucional, académica y de atención pública este campo de estudio, llamando la atención acerca de la necesidad de reconocimiento en los servicios públicos sobre sus especificidades.

Muchos mayores de hoy no pudieron vivir su identidad sexual cuando fueron jóvenes, pues les tocó una época especialmente represiva.

Precisamente les tocó vivir una época de gran represión durante la dictadura, muchos no se atrevieron a visibilizarse públicamente, por temor a ser apresados o marcados socialmente.  Algunas personas mayores gais y lesbianas mantienen vivo el temor al rechazo vivido anteriormente y evitan relacionarse en público con personas  abiertamente homosexuales.

Además muchos se sintieron apartados en su momento por sus propias familias,  y ahora al ser mayores se encuentran muchas veces más solos, sin pareja, sin pensión de viudedad por ejemplo, sin relaciones familiares e incomprendidos por la sociedad. E incluso, al ser mayores, por su propio colectivo, que ha vivido de espaldas a la vejez y rechazándola.

Ese aislamiento les lleva en muchos casos a sufrir de gran precariedad económica y social.

Hoy día muchos tampoco sienten que puedan vivir de forma natural su orientación sexual e identidad sexual o de género en libertad, por ejemplo, en instituciones como ciertas residencias de mayores.

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