La evaluación del envejecimiento activo


Carmen Rodríguez-Blázquez, Centro Nacional de Epidemiología y CIBERNED. Instituto de Salud Carlos III. Programa ENCAGE-CM.

Correo: crodb@isciii.es

La Organización Mundial de la Salud (OMS) definió en 2002 el envejecimiento activo como el proceso en que se optimizan las oportunidades de salud, participación y seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida de las personas a medida que envejecen. Posteriormente, se añadió el aprendizaje a lo largo de la vida como el cuarto componente (Versión 2015). Estos conceptos de salud, aprendizaje, participación y seguridad son los denominados pilares, o áreas clave para la acción estratégica, en envejecimiento activo. La promoción del envejecimiento activo se ha convertido en el centro de atención de organismos con la OMS, el Banco Mundial, la OCDE y la Comisión Europea. El concepto de envejecimiento activo se ha convertido también en el objeto de numerosos proyectos y estudios, tales como el Programa ENCAGE-CM, y de numerosas publicaciones científicas. En los últimos años también se ha venido haciendo un esfuerzo para operacionalizar y medir el concepto de envejecimiento activo, como parte de la necesidad de alcanzar un consenso en su definición, realizar estudios epidemiológicos, servir de base para la elaboración e implementación de intervenciones y políticas, y analizar la eficacia de las mismas.

En general, las medidas de envejecimiento activo se pueden agrupar en tres grandes categorías: indicadores objetivos, evaluación subjetiva mediante medidas de resultados informados por los pacientes, e índices síntéticos.

La categoría de indicadores objetivos agrupa a aquellas técnicas de medida que recogen los aspectos fisiológicos y biológicos del proceso de envejecer: capacidad pulmonar, fuerza, velocidad de la marcha, comorbilidad, estado cognitivo, estado funcional, actividad física y estilos de vida, etc.

Figura 1. Indicadores objetivos para medir el envejecimiento activo

indicadores objetivos envejecimiento activo

Aunque en los distintos estudios se utilizan un gran número de escalas y cuestionarios como los que aparecen en la Figura 1, en los últimos años los investigadores están utilizando también sensores de actividad física y movimiento, que pueden ir desde los muy sencillos y baratos, como pulsómetros y pulseras de actividad (conocidos como wearables) que proporcionan información básica sobre patrones de actividad física y sueño (Lewy, Mercer), a complejos sistemas que combinan diferentes tecnologías de la comunicación, redes y dispositivos de vigilancia y monitorización.

 

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