Conocer, concienciar, gestionar y prevenir la soledad de las personas mayores, claves para disminuir sus consecuencias negativas


Isabel Fernández Morales, Envejecimiento en red

El 22% de todos los mayores viven solos, casi dos millones de personas, de los cuales dos terceras partes son mujeres.  (Consultar Vivir en pareja sola es la forma de convivencia más común entre personas mayores). Si bien es verdad que hay mayores que
desean vivir solos, lo cual puede ser un indicador de éxito, independencia y
bienestar, muchos mayores manifiestan esta soledad con angustia. La soledad no deseada afecta a la salud y a la calidad de vida de las personas mayores.  Tal como están demostrando diversos estudios científicos la soledad no deseada es un factor de riesgo para la salud (Cómo afecta la soledad a la salud). Sentirse solo (Sentirse solo es peor para la salud que estar solo) está relacionado con la salud mental,  la depresión, el deterioro cognitivolas probabilidades de sufrir un ataque de corazón y la mortalidad de las personas mayores, entre otras consecuencias negativas.

En primer lugar, conviene conocer las cifras y su evolución, y después concienciar sobre este problema para pasar a desarrollar estrategias o iniciativas que lo solucionen.

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Las cifras

Aunque en España efectivamente el 22 % de las personas mayores de 65 años viven solas esto no implica que se sientan solas. La realidad es que se puede estar solo, aislado y marginado y no existir soledad y viceversa. A veces la soledad es una elección, incluso enriquecedora, pero otras veces la soledad es un sentimiento muy doloroso para quien no lo desea. Y el riesgo aumenta con la edad. Cada año hay más hogares unipersonales formados por una sola persona mayor. Parece interesante señalar que así como en el resto de edades la soledad suele ser masculina, entre las personas mayores es mayoritariamente femenina.

Vivir solo no significa sentirse solo, según encuestas del IMSERSO y el CIS (ver resumen y acceso a datos en Amigos de los mayores) un 59% de las personas mayores que viven solas han expresado tener sentimientos de soledad negativos y sentir aislamiento. Además  el 21% de las personas mayores de estos estudios responden que pasan el día fundamentalmente solas.

Mientras, la proporción de personas mayores que viven en soledad, entendida como una de las formas de convivencia en el hogar, alcanza el 32,2% en Europa.

Según la Oficina del Censo de los Estados Unidos, 11 millones, o el 28% de las personas de 65 años o más, vivían solas en el momento del censo.

Además, cada vez más adultos no tienen hijos, al menos en los países desarrollados; lo que significa que hay menos miembros potenciales en la familia que brinden compañía y atención cuando envejezcan.

Algunas estrategias y programas para paliar la soledad de los mayores

Conocíamos en septiembre que el Imserso ultima una Estrategia Nacional de Mayores  que contempla también acabar con el estigma de la soledad.   A la espera de la presentación del documento, que estaba previsto para este último trimestre de 2017,  estas son algunas de las intervenciones más desarrolladas en nuestro país para afrontar la soledad no deseada de las personas mayores:

A través del voluntariado encontramos programas de concienciación y acompañamiento de personas mayores en su domicilio o en la residencia como los que pone en marcha Amigos de los mayores o Cruz Roja con su programa Enrédate, entre otros. Programas que ayudan tanto a los que son acompañados como a los propios voluntarios, muchas veces también personas mayores que están solas y encuentran en esta labor amistad, compañía y un sentido a sus vidas. Además,  otra tendencia son las iniciativas que pretenden recuperar la vida en comunidad, los vínculos vecinales y el barrio como espacio de convivencia con las personas mayores como protagonistas, como es el caso del programa Grandes vecinos de la Fundación Amigos de los Mayores. 

El Imserso decidió en el 2009 pro­mover el Proyecto Piloto «Cerca de Ti»  dirigido a combatir la soledad en las personas mayores. En 2010 se publicó el informe en el que se recogen los resultados de la evaluación del proyecto piloto “Cerca de Ti”.  Algunas de las conclusiones destacaban que “Los mayores afirman que desde que reciben las visitas y el acompañamiento de los voluntarios se sienten mejor, tienen mejor ánimo y menos sentimiento de aislamiento.”  También que “Los profesionales consideran el uso de las nuevas tecnologías, especialmente las comunicaciones móviles, como un complemento facilitador en la prestación de los servicios, gestión y coordinación del servicio de acompañamiento del Proyecto “Cerca de Ti”.

Mayores en entornos residenciales

Podemos destacar otras iniciativas, tales como intervenciones dirigidas a personas que residen en instituciones que muchas veces sufren el aislamiento de su entorno habitual y la falta de contacto con su familia y vecinos de toda la vida (Más información Programas para combatir la soledad en las personas mayores en el ámbito institucionalizado: una revisión de la literatura científica).

Porque aunque muchas personas mayores acuden a una residencia para no sentirse solas, a veces en ese entorno fuera del hogar propio se sienten solas. Más de la mitad de las personas mayores institucionalizadas manifiestan sentimientos de soledad. Aunque la amistad dentro de los residentes está poco estudiada.

En estos entornos se promueven intervenciones basadas en terapias asistidas con animales, contactos con familiares a través de videoconferencia, talleres de jardinería y/o horticultura, terapias de reminiscencia, terapias de humor, intervenciones cognitivas y programas de ejercicio físico. Los resultados demuestran que los programas de intervención son efectivos para reducir el sentimiento de soledad. En este ámbito parece que lo más interesante en promover actividades grupales donde los participantes puedan interactuar y formar lazos de unión.

Otros artículos de interés

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La Fundación General CSIC abre un proceso de contratación de trabajos de investigación interdisciplinar sobre envejecimiento


FGCSIC

La Fundación General CSIC (FGCSIC) abre un proceso de contratación de trabajos de investigación interdisciplinar sobre envejecimiento en el marco del proyecto “Centro Internacional sobre el Envejecimiento” (CENIE), centro virtual de colaboración ibérica e internacional en la materia, que desarrolla un consorcio hispano portugués al que pertenece la FGCSIC, junto con la Fundación General de la Universidad de Salamanca, la Universidad del Algarve y la Dirección General de Salud de Portugal.

El “Centro Internacional sobre el Envejecimiento” se encuadra en el Programa de Cooperación INTERREG V-A España-Portugal (POCTEP) 2014-2020, financiado por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), cuya finalidad es fomentar la cooperación interregional entre ambos países en su línea fronteriza para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. En este contexto, el CENIE tiene como misión potenciar la investigación, el desarrollo tecnológico y la innovación sobre envejecimiento, contribuyendo a desarrollar y desplegar una red de investigación de excelencia cuyos resultados puedan ser de interés para dicha zona.

El envejecimiento de la población es un fenómeno que afecta a la mayor parte de los territorios europeos, siendo más acuciante en países como España y Portugal y, sobre todo, en sus zonas fronterizas que hoy en día se caracterizan por la despoblación y consecuente envejecimiento de sus comunidades, en su mayoría rurales.

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El procedimiento

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El umbral subjetivo de inicio de la vejez es más elevado que el definido por la edad cronológica (65 años)


Antonio Abellán García, Alba Ayala García. Departamento de Población, CSIC. Rogelio Pujol Rodríguez. Instituto Nacional de Estadística.

En un reciente artículo comentábamos la iniciativa de las Sociedades Gerontológica y Geriátrica de Japón de realizar una propuesta para redefinir el umbral de la vejez, basándose en los cambios operados en las personas en su respuesta a ciertas medidas de desempeño de actividades. Su fundamento reside en que muchas personas mayores se encuentran ahora en mejor estado de salud y no es apropiado considerarlas viejas o mayores a los 65 años. Proponen una re-clasificación de la vejez en tres grupos: a) pre-vejez,  de 65-74 años, b) vejez, 75 y más años, c) las personas de este último grupo por encima de 90 años podrían ser consideradas como super-viejas o super-mayores. En otros términos: pre-ancianos, ancianos y super-ancianos. También señalábamos en ese artículo que en España se habían producido cambios en la percepción de la salud en el mismo sentido que los estudios de Japón (Figura 1).

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La residencia de los jubilados extranjeros en España importa (II)


Vicente Rodríguez. Instituto de Economía, Geografía y Demografía. Programa ENCAGE-CM.

Estudiar la residencia de jubilados en España es una tarea con diversas dimensiones y ello es posible, entre otras alternativas, a través de un trabajo continuado con una perspectiva interdisciplinar. Es la propuesta del Grupo de investigación de la Universidad de Málaga, sobre Inmigración y Envejecimiento en Europa (EURIE, SEJ-267), que mantiene el Observatorio Europeo de Gerontomigraciones. Mientras la sociología y geografía de la migración de jubilados son las perspectivas más comunes, otros componentes normativos y legales no son habituales, a pesar de su enorme trascendencia para los ciudadanos extranjeros residentes en España. Deslindar esos componentes es el principal resultado que se obtiene de la lectura del libro La residencia de los gerontoinmigrantes. Derechos y obligaciones de los jubilados extranjeros en los lugares europeos de retiro, dirigido por la profesora Mayte Echezarreta, de la Universidad de Málaga.

El concepto de residencia habitual, medida a través de criterios cuantitativos (tiempo de estancia y sus medios de prueba, básicamente) y cualitativos (centro de vida, lazos, relaciones) es el hecho que vehicula los estudios migratorios sobre jubilados. Y ello es así porque el residir en España afecta a personas mayores, procedentes de países distintos y que viven entre ambos países, y sometidas a normas diferentes, nacionales y/o europeas, aplicables según distintos criterios a distintas facetas de su vida. A veces la residencia se mezcla con otros conceptos como vecindad civil, ciudadanía o nacionalidad. Residir en España significa también atender a uno de los rasgos distintivos de esta población, su movilidad, como comportamiento habitual que tiende a la multilocalidad, reconocido por un derecho europeo, la libre circulación de personas. Sin embargo,  analizar conjuntamente residencia y movilidad, en el momento actual, evidencia las dificultades de adecuar la norma legal a los comportamientos móviles y fluidos de las personas de acuerdo con sus propios criterios (nacionalidad, residencia, país de procedencia, europea o no, capacidad económica) y a los intereses de los propios estados.

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La residencia de los jubilados extranjeros en España importa (I)


Vicente Rodríguez. Instituto de Economía, Geografía y Demografía. Programa ENCAGE-CM.

Todas las personas, sean inmigrantes o no, disponen de una residencia en la que viven. De ello dan prueba los numerosos estudios y aproximaciones científicas que se pueden encontrar en la literatura internacional en los que la residencia es evaluada desde perspectivas variadas (geográficas, sociales, psicológicas, urbanas, etc.). La residencia de la persona es un concepto de interés para muchas disciplinas científicas y pensado para ser diseccionado por medio de sus métodos específicos. Además es un ámbito habitualmente enumerado en múltiples fuentes estadísticas.

La residencia adquiere un significado para las personas mayores que han cambiado de lugar en el que se desarrolla su vida, para vivir en un país distinto al suyo, y cuando aparecen necesidades que hay que atender en los momentos finales de un largo curso de vida. Esa es la situación de los jubilados extranjeros que eligen España como lugar de retiro. Como la literatura se ha encargado de estudiar, en Europa, pero no sólo, existe una corriente muy importante de estos jubilados migrantes, que modifican sus comportamientos vitales en un determinado momento de su etapa de retiro para buscar una mejor calidad de vida, que encuentran en un país distinto al suyo, decisión que les obliga a atenerse a normas nacionales y europeas que condicionan las decisiones que toman día a día. Leer el resto de esta entrada »


A vueltas con el umbral de inicio de la vejez


Antonio Abellán García, Alba Ayala García. Departamento de Población, CSIC. Rogelio Pujol Rodríguez. Instituto Nacional de Estadística.

La redefinición del umbral de inicio de la vejez está adquiriendo protagonismo por sus implicaciones en el diseño de políticas públicas y en la propia percepción social de la vejez. Mantener como hasta ahora la edad fija de los 65 años (edad cronológica) tiene indudables ventajas: es un umbral arbitrario pero generalmente aceptado; sobre él se ha fundamentado el cómputo de personas definidas como mayores y se ha definido el proceso de envejecimiento demográfico; todos los estudios, planes y previsiones lo han estado utilizando durante décadas sin apenas discusión; además,  es fácil de calcular y tiene la ventaja indudable de que todo el mundo conoce su edad y si ya ha traspasado ese umbral.

Pero tiene inconvenientes. Provee una imagen incompleta del envejecimiento y puede ser causa del diseño de políticas poco acertadas. La edad cronológica no tiene en cuenta que se están produciendo progresos en las condiciones de vida, de salud, de habilidad funcional y de esperanza de vida de la personas. Con la utilización de esa edad fija no se valoran bien los cambios internos en la distribución por edad de la población, ni los costes sanitarios, debido a que la mayor parte de éstos ocurren en el tramo final de la vida, tramo que es cambiante pues la esperanza de vida sigue aumentando y se espera que continúe esta tendencia en el futuro. Tampoco hay una evidencia biológica que apoye ese umbral. Leer el resto de esta entrada »


¿Qué sabemos sobre el ritmo de la senectud?


Dolores Puga. Departamento de Población, CSIC

Reblogueado de Madrid+d, 6-7-2017. Fuente: Fundación General del CSIC.

Algunos científicos predicen que el primer humano que llegará a cumplir 1.000 años ya ha nacido. Otros, sin llegar a afirmaciones tan provocadoras, afirman que la mayoría de los niños y niñas nacidos actualmente llegarán a soplar más de 100 velas. Lo cierto es que ninguna otra dinámica social ha mostrado tal constancia en su evolución a largo plazo, como lo ha hecho la longevidad. Durante el último siglo y medio, hemos ganado 6 horas de vida por cada día que sobrevivimos. En la España de 1900, la esperanza de vida de un recién nacido era de casi 35 años. En la actualidad hay que esperar a cumplir 50 años, para tener por delante la misma expectativa de vida de un recién nacido de entonces. Cabría preguntarse si, en términos de expectativas de vida, estamos envejeciendo o rejuveneciendo.

La extraordinaria prolongación de las trayectorias de vida individuales nos está transformando en sociedades más añejas. Sociedades no solo con población de más edad, sino también de más edades, transitando por períodos de vida apenas explorados por generaciones previas. Son los centenarios y supercentenarios los grupos de edad que más están aumentando. Este escenario ofrece algunos de los más sugestivos retos a los que se enfrenta la investigación científica en la actualidad. Una de las grandes cuestiones es la relativa a los límites de la vida humana. ¿Hasta dónde podemos seguir ganando vida?  Sabemos que la longevidad humana se encuentra entre la de Zeus -eterno- y la del salmón -que muere tan pronto como se reproduce-. Pero tenemos pocas más evidencias al respecto, aunque sí muchas hipótesis y algunos debates apasionantes.

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