El umbral subjetivo de inicio de la vejez es más elevado que el definido por la edad cronológica (65 años)


Antonio Abellán García, Alba Ayala García. Departamento de Población, CSIC. Rogelio Pujol Rodríguez. Instituto Nacional de Estadística.

En un reciente artículo comentábamos la iniciativa de las Sociedades Gerontológica y Geriátrica de Japón de realizar una propuesta para redefinir el umbral de la vejez, basándose en los cambios operados en las personas en su respuesta a ciertas medidas de desempeño de actividades. Su fundamento reside en que muchas personas mayores se encuentran ahora en mejor estado de salud y no es apropiado considerarlas viejas o mayores a los 65 años. Proponen una re-clasificación de la vejez en tres grupos: a) pre-vejez,  de 65-74 años, b) vejez, 75 y más años, c) las personas de este último grupo por encima de 90 años podrían ser consideradas como super-viejas o super-mayores. En otros términos: pre-ancianos, ancianos y super-ancianos. También señalábamos en ese artículo que en España se habían producido cambios en la percepción de la salud en el mismo sentido que los estudios de Japón (Figura 1).

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A vueltas con el umbral de inicio de la vejez


Antonio Abellán García, Alba Ayala García. Departamento de Población, CSIC. Rogelio Pujol Rodríguez. Instituto Nacional de Estadística.

La redefinición del umbral de inicio de la vejez está adquiriendo protagonismo por sus implicaciones en el diseño de políticas públicas y en la propia percepción social de la vejez. Mantener como hasta ahora la edad fija de los 65 años (edad cronológica) tiene indudables ventajas: es un umbral arbitrario pero generalmente aceptado; sobre él se ha fundamentado el cómputo de personas definidas como mayores y se ha definido el proceso de envejecimiento demográfico; todos los estudios, planes y previsiones lo han estado utilizando durante décadas sin apenas discusión; además,  es fácil de calcular y tiene la ventaja indudable de que todo el mundo conoce su edad y si ya ha traspasado ese umbral.

Pero tiene inconvenientes. Provee una imagen incompleta del envejecimiento y puede ser causa del diseño de políticas poco acertadas. La edad cronológica no tiene en cuenta que se están produciendo progresos en las condiciones de vida, de salud, de habilidad funcional y de esperanza de vida de la personas. Con la utilización de esa edad fija no se valoran bien los cambios internos en la distribución por edad de la población, ni los costes sanitarios, debido a que la mayor parte de éstos ocurren en el tramo final de la vida, tramo que es cambiante pues la esperanza de vida sigue aumentando y se espera que continúe esta tendencia en el futuro. Tampoco hay una evidencia biológica que apoye ese umbral. Leer el resto de esta entrada »


¿Umbral fijo o móvil? Nueva forma de medir el inicio de la vejez


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Diego Ramiro Fariñas, Rogelio Pujol Rodríguez, Antonio Abellán García. Departamento de Población, CSIC

Determinar una edad fija para marcar el comienzo de la vejez provee una imagen incompleta del envejecimiento y puede ser causa de diseño de políticas poco acertadas. Arbitraria pero generalmente aceptado se ha utilizado el umbral de los 65 años como inicio del período de vejez, y sobre él se ha fundamentado el cómputo del número de personas mayores, su proporción respecto al total de la población, y el proceso de envejecimiento (aumento de esa proporción). Tiene la ventaja de que es fácil de calcular, todo el mundo lo conoce y todos los estudios, planificaciones y leyes, etc. lo han estado utilizando durante décadas, y además nadie lo ha discutido.

Pero tiene también inconvenientes. La edad cronológica no tiene en cuenta que se están produciendo progresos en las condiciones de vida, de salud, de habilidad funcional y de esperanza de vida de la personas. Con la utilización de una edad fija para determinar el inicio de la vejez, no se valoran bien los cambios internos en la distribución por edad de la población ni los costes sanitarios, debido a que la mayor parte de éstos ocurren en el tramo final de la vida, tramo que es cambiante porque la esperanza de vida está aumentando y se espera que continúe esta progresión en el futuro. Al mantener fijo el umbral de inicio de la vejez, lo que realmente se mantiene fija es la duración de la vida previa a la vejez, y el efecto es como si todo lo ganado en aumento de la vida se asignase a los viejos, dado que el tiempo previo a la vejez no se mueve, constreñido entre los 0 y 64 años. Sin embargo, gracias a los cambios en las condiciones de vida, es evidente que podríamos decir que los 50 años de edad de ahora son los 40 de hace un tiempo, y esta idea tiene aceptación.

Si en vez de establecer un umbral fijo de la vejez (65 años) como se hace habitualmente, establecemos un umbral móvil determinado por la esperanza de vida, se corrigen en parte los inconvenientes citados. En este caso, lo que crecería sería la duración de la vida previa a la vejez, mientras que mantenemos esa vejez como un intervalo fijo, delimitado por una esperanza de vida, vida restante o años por vivir constantes. Si dejamos fijo el período de vejez, permitimos fluctuar (alargar) el período previo; de esta forma, un aumento de la esperanza de vida total extendería ese período previo a la vejez, mientras que el período de vejez se mantendría fijo (duraría lo mismo a lo largo del tiempo) pero retrasado en el eje de vida hacia edades superiores.

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Una reflexión necesaria sobre el inicio de la vejez


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Diego Ramiro Fariñas, Rogelio Pujol Rodríguez, Antonio Abellán García. Departamento de Población, CSIC

Recientemente hemos publicado un artículo, “¿Umbral fijo o móvil? Nueva forma de medir el inicio de la vejez”, señalando las ventajas e inconvenientes de uno u otro umbral para señalar el comienzo de la vejez. El fijo (65 años) tiene la ventaja de que es fácil de calcular, todo el mundo lo conoce, y se ha estado utilizando sin mucha discusión; su referencia es el nacimiento. El umbral móvil trata de recoger los progresos en las condiciones de vida de las personas, y de su esperanza de vida, creciente desde hace muchas décadas y con perspectiva de seguir aumentando; tiene su referencia en la muerte.

El cálculo de este umbral móvil es complejo. En este artículo añadimos algunas explicaciones para comprenderlo mejor. A este nuevo umbral lo llamamos “edad prospectiva”. Según este criterio, la vejez empieza cuando la gente tiene una edad en la que su esperanza de vida, o vida restante, es de 15 años. Para su determinación no se utiliza la esperanza de vida al nacer, indicador conocido y difundido regularmente por los medios de comunicación, pues como su propio nombre indica sólo sirve para conocer la vida restante de las personas con cero años. A cada edad corresponde una esperanza de vida diferente, y hemos de encontrar la edad a la que ya sólo quedan 15 años para la muerte. Por ello se necesitan las tablas de mortalidad (INE) . Este umbral/período de 15 años es arbitrario y puede modificarse. Se precisan estudios para confirmar la consistencia de ese umbral y las condiciones de vida de las personas incluidas en ese período de vejez.

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Nuevas formas de medir el envejecimiento (II)


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Antonio Abellán, Rogelio Pujol. Departamento de Población, CSIC.

Nuevas formas de medir el envejecimiento (I), 1

Nuevas formas de medir el envejecimiento (III), 4

Nuevas formas de medir el envejecimiento (IV), 5, 6

 

  1. -Edad cronológica

Hasta ahora la forma habitual de medición del envejecimiento ha sido la edad cronológica. Tiene sus ventajas. Es fija, permite aplicarla fácilmente en proyecciones; permite comparaciones internacionales. Con ella se obtiene el porcentaje de personas mayores (65 y más años respecto al total de la población), que es la medida más común del envejecimiento, y la Ratio de Dependencia Demográfica (RDD), que considera a la población dependiente respecto de otros conjuntos, y que se define como el cociente entre el número de personas de 65 años o más años y el número de personas en edad laboral de 20-64 años (o de 16-64). Se pueden calcular diferentes RDD según se modifique el numerador o el denominador. La idea que subyace en ellos es la de aproximarse a la “carga” que supone un elevado número de personas mayores respecto a la población que potencialmente ha de sostenerla, la población en edad laboral a través de contribuciones sociales e impuestos. Es una ratio sencilla, sin refinar, pues con esta medida se asume que las personas se vuelven dependientes de otras cuando alcanzan los 65 años.

De acuerdo a esta edad cronológica, el número de personas mayores en España se habrá incrementado extraordinariamente a mediados de siglo (2050) un 80,4%, hasta alcanzar los 15,2 millones. La proporción de mayores llegará al 38,2% respecto a toda la población, una de las cifras más alta de Europa. El RDD se habrá más que duplicado alcanzando las 77,5 personas mayores por cada 100 de 20-64 años (Tabla 1). Un escenario difícil de manejar para las finanzas públicas y la actividad económica.

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La educación es la respuesta


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Antonio Abellán, Rogelio  Pujol. Departamento de Población, CSIC

Si queremos llegar al umbral de la vejez saludablemente, vivir después muchos años con salud, y ser menos gravosos para los sistemas de protección social, conviene destacar la importancia de la experiencia adquirida en las etapas tempranas de la vida, e insistir sobre todo en el papel de la educación. Esta premisa forma parte de la estrategia de envejecimiento activo, definida por la OMS hace una década.

La educación actúa de diversas formas. Crea más oportunidades laborales, mejores puestos de trabajo y mejor remuneración, por una parte, y desarrolla habilidades, hábitos y comportamientos, que permiten a los individuos mantener una vida más saludable, por otra. Ambas formas interactúan. Con esto se retrasa la aparición de la enfermedad crónica y la discapacidad y se tienen más alternativas y respuestas cuando éstas aparecen. Vamos a ponerlo de relieve con cuatro sencillos indicadores.

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¿Qué sabemos sobre el ritmo de la senectud?


Dolores Puga. Departamento de Población, CSIC

Reblogueado de Madrid+d, 6-7-2017. Fuente: Fundación General del CSIC.

Algunos científicos predicen que el primer humano que llegará a cumplir 1.000 años ya ha nacido. Otros, sin llegar a afirmaciones tan provocadoras, afirman que la mayoría de los niños y niñas nacidos actualmente llegarán a soplar más de 100 velas. Lo cierto es que ninguna otra dinámica social ha mostrado tal constancia en su evolución a largo plazo, como lo ha hecho la longevidad. Durante el último siglo y medio, hemos ganado 6 horas de vida por cada día que sobrevivimos. En la España de 1900, la esperanza de vida de un recién nacido era de casi 35 años. En la actualidad hay que esperar a cumplir 50 años, para tener por delante la misma expectativa de vida de un recién nacido de entonces. Cabría preguntarse si, en términos de expectativas de vida, estamos envejeciendo o rejuveneciendo.

La extraordinaria prolongación de las trayectorias de vida individuales nos está transformando en sociedades más añejas. Sociedades no solo con población de más edad, sino también de más edades, transitando por períodos de vida apenas explorados por generaciones previas. Son los centenarios y supercentenarios los grupos de edad que más están aumentando. Este escenario ofrece algunos de los más sugestivos retos a los que se enfrenta la investigación científica en la actualidad. Una de las grandes cuestiones es la relativa a los límites de la vida humana. ¿Hasta dónde podemos seguir ganando vida?  Sabemos que la longevidad humana se encuentra entre la de Zeus -eterno- y la del salmón -que muere tan pronto como se reproduce-. Pero tenemos pocas más evidencias al respecto, aunque sí muchas hipótesis y algunos debates apasionantes.

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“Las personas mayores han de ser protagonistas del cambio de paradigma”


Dirección General de Personas Mayores y Servicios Sociales. Área de Gobierno de Equidad, Derechos Sociales y Empleo. Ayuntamiento de Madrid 

El día 17 de febrero de 2017, en el Palacio de Cibeles de Madrid, se produjo un encuentro con el Profesor Dr. Alexandre Kalache, experto mundial en el campo del envejecimiento, impulsor del proyecto global “Ciudades amigables con la edad” de la OMS.

Participaron técnicos representantes de todas las áreas municipales involucrados en el proyecto Madrid, ciudad amigable con las personas mayores’, representantes del Consejo Sectorial de Personas Mayores de Madrid, IMSERSO, CSIC, Matia Instituto Gerontológico, Fundación Pilares y universidades, entre otros. Cerrando el encuentro, la Delegada del Área de Gobierno de Equidad, Derechos Sociales y Empleo.

Invitado por el Área de Gobierno de Equidad, Derechos Sociales y Empleo, Alexandre Kalache (Río de Janeiro, 1945) , exdirector del Departamento de Envejecimiento y Ciclo de Vida de la Organización Mundial de la Salud (OMS), estuvo en Madrid el pasado 17 de febrero para ofrecer una lección magistral sobre el envejecimiento activo , y apoyar el Plan “Madrid, ciudad amigable con las personas mayores” , que el Ayuntamiento de Madrid presentará próximamente.

Alexandre Kalache

Alexandre Kalache

El acto estuvo presidido por Mª Soledad Frías (Directora General de Personas Mayores y Servicios Sociales, del Área de Equidad, Derechos Sociales y Empleo), y a él asistieron representantes de todas las áreas municipales, miembros del Consejo Sectorial de Personas Mayores , y destacadas personalidades de diversas instituciones públicas y privadas, muy implicadas en la lucha contra el edadismo.

La pasión y la serenidad entremezclan las palabras del ilustre epidemiólogo y docente . Su trabajo dentro de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dado como resultado la creación de la Red Internacional de Ciudades Amigables con las Personas Mayores, en el que está inscrita Madrid desde 2013. Afable, cercano y convincente, el analista en longevidad a nivel mundial inyectó una visión optimista sobre el envejecimiento activo, para dar impulso al nuevo paradigma al que se enfrenta la sociedad a nivel global.

Mª Soledad Frías, directora general de Personas Mayores y Servicios Sociales, junto a Kalache

Mª Soledad Frías, directora general de Personas Mayores y Servicios Sociales, junto a Kalache

La idea central parte de la premisa de que nunca es tarde para empezar a cuidarse; porque “la vida ha dejado de ser una carrera de 100 metros, para convertirse en una maratón para el que hay que prepararse, tanto individualmente como a nivel social”, aseguró. Ya que, según sus propias palabras, estamos inmersos “en una transición imparable , que va de la edad adulta a la vejez ”; algo que él denomina “gerontolescencia”.

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