Esas intervenciones que no usan fármacos


Cristina Buiza. Matia Fundazioa.

Cuando nos adentramos en el mundo de las llamadas “intervenciones no farmacológicas” para personas con demencia, uno tiene a veces la sensación de estar en una especie de mercadillo, en el que puede encontrar cualquier cosa, muchas de ellas sin relación alguna.

De hecho, bajo esta denominación se pueden encontrar intervenciones que utilizan herramientas tan diversas como animales, aromas, música, modificación de conducta, estimulación cognitiva,… Además, cada una de ellas puede perseguir objetivos muy distintos, como mejorar el sueño, disminuir la agitación, mejorar el bienestar, disminuir el dolor,…  y emplear muy diferentes metodologías para su aplicación. Para rizar el rizo, tampoco la población diana a la que van dirigidas es siempre la misma, siendo a veces las propias personas con demencia las receptoras de la intervención, pero en otras ocasiones van dirigidas a cuidadores o incluso a profesionales.

Cada vez más, este tipo de intervenciones está siguiendo unas metodologías de aplicación y de investigación rigurosas y demostrando las posibilidades que tienen de conseguir resultados.

Por lo tanto, las cuestiones  que nos vienen a la cabeza son ¿por qué se necesita tener un nombre común, que englobe a todas ellas? ¿no tienen suficiente entidad cada una por separado? ¿tiene sentido agrupar bajo un mismo paraguas a aproximaciones de intervención tan distintas?

Quizá esta necesidad de agrupación surgió en su momento como forma de dar cuerpo a otro tipo de intervenciones que se estaban realizando y cuyo nexo era la no utilización de fármacos, pero ¿realmente es necesaria hoy en día esta denominación? ¿debemos seguir definiéndonos por exclusión de lo que “no” hacemos o cada intervención ha de ser lo suficientemente particular y potente con sus características propias como para no necesitar ser llamada “lo que no es lo otro”?

bolas

Quizá estamos llamando a una de esas pelotas de la imagen “la pelota que no es azul”

Reflexionemos sobre ello con un ejemplo.

Las chicas de los perros

Hace unos días, durante el curso de la Universidad del País Vasco: “Los derechos no caducan ni con la edad ni con el deterioro cognitivo”, tuvimos la oportunidad de conocer la labor de Carmen y Ana, psicóloga y socióloga respectivamente, en Hydra, una asociación madrileña que ofrece asistencia y terapia con animales.

En el año 1998, cuando aún no era tan conocida la intervención asistidas por animales, ambas deciden unificar sus dos grandes pasiones: la psicología/sociología con los animales (concretamente, los perros). Eligieron trabajar con ejemplares abandonados seleccionados de diferentes Centros de Protección Animal.

En San Sebastián nos trajeron a tres de sus peludos y simpáticos compañeros (Jimena, Titán y Nena). Realmente se puede decir que causaron sensación. Durante la charla, Carmen fue desgranado la multitud de beneficios psicológicos, físicos y sociales que brindan estos animales a personas con demencia, y a sus familiares. Beneficios que cuentan cada vez más con mayor respaldo científico.

En estos años, entre otras muchas cosas, han preparado y entregado perros de asistencia para personas con Alzheimer en domicilio, con la finalidad de ayudar en las actividades básicas de la vida diaria, proporcionar autonomía, y dependiendo de las necesidades familiares trabajan otros aspectos de manera individualizada (avisos por gas, caídas…).

Los resultados obtenidos les han mostrado y siguen mostrando beneficios muy positivos tanto para la persona con alzheimer –  el perro proporciona seguridad, independencia, sentimientos de utilidad, aumento de relaciones sociales y, confianza y autoestima-  como para el cuidador principal y el núcleo familiar – la presencia del perro en el domicilio les ayuda por ejemplo, a no estar todo el día pendiente del familiar. Así, en caso de darse episodios de deambulación por las noches, el perro va a despertar al cuidador para avisar de estos paseos. También proporcionan apoyo psicológico, en ocasiones tan fuerte que, según nos cuentan, en muchos casos han evitado episodios de depresión.

Carmen y Ana se muestran muy satisfechas de los resultados alcanzados hasta el momento, y observan un interés creciente por este tipo de terapias, si bien su trabajo parece que continúa teniendo un toque exótico para otros profesionales de la atención. “Cuando acudimos a un centro seguimos escuchando la letanía: «ya están aquí las chicas de los perros» ˮ.

Nos gustaría que entendieran que somos profesionales, psicólogos, sociólogos, trabajadores sociales… que buscan el mismo objetivo, con distintos instrumentos.

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