¿Es la salud percibida un buen indicador de mortalidad y supervivencia en población institucionalizada?


Alba Ayala García (1), Pilar Rodriguez-García (2). (1) Escuela Nacional de Sanidad, Instituto de Salud Carlos III y REDISSEC; Programa ENCAGE-CM. (2) Hospital General Universitario de Ciudad Real.

La salud percibida se define como la evaluación que los individuos realizan de su estado de salud. Está condicionada tanto por el estado mental como el somático. Una situación de mala salud percibida se relaciona con una menor esperanza de vida. Además, otros factores como la discapacidad o la depresión pueden predecir una mayor mortalidad.

Conocer  los determinantes de mortalidad puede ayudar a la planificación de recursos sociales y económicos que puede precisar la población mayor. Esto es aplicable, por ejemplo, a la gestión en residencias, donde interesa dimensionar número y plazas, necesidad y cualificación de personal, compra y utilización de material adecuado, etc.

¿Es la salud percibida un buen indicador de mortalidad y supervivencia en población institucionalizada? En la experiencia que comentamos, nos hemos centrado en la salud percibida pues es un indicador  estandarizado y fácil de administrar.

Para responder a esta pregunta hemos realizado un estudio sobre una cohorte de 699 personas que vivían en residencias de la Comunidad de Madrid entre 1998 y 1999, y se efectuó su seguimiento. En 2013, se recogieron datos de la mortalidad a través del registro del Índice Nacional de Defunciones y se calculó el tiempo de supervivencia de cada residente. La edad media de los residentes fue de 83,4 años, en la muestra había un 75,7% de mujeres. El 50% de la muestra presentó al menos tres problemas crónicos de salud, un 31,5% demencia,  el 20,1%  insuficiencia cardiaca y un 19,3%  EPOC. Al año de seguimiento, un 15,1% habían fallecido, un 53,4% a los 5 años, un 76,3% a los 10 y un 87,5% a los 15 años. Hemos encontrado un porcentaje alto de personas mayores que no contestaron a la pregunta sobre su estado de salud, lo que puede esconder algún problema que conviene identificar.

Los residentes que reportaron una mala salud presentaron un 24% más riesgo de muerte que los señalaron buena salud. Los que tenían discapacidad severa o total mostraban casi el doble de riesgo de muerte respecto a los residentes sin discapacidad y los que presentaban una úlcera por presión tenían más del doble de riesgo que los que no la tenían.

Las personas residentes en centros privados, con una capacidad entre 100 y 300 plazas, tuvieron un riesgo de muerte 67% menor que aquellos residentes en instituciones de titularidad pública que tenían más de 300 plazas. Por último, conviene destacar que hubo un 47% de supervivencia mayor cuando la depresión es diagnosticada por el médico que los que no tenían síntomas de depresión.

La Figura 1 presenta las curvas de supervivencia en función del estado de salud (en el eje horizontal se representan los años de seguimiento de la cohorte, y en el vertical la supervivencia). Se observa que las personas que declaraban tener mala salud tenían mayor supervivencia que aquellas que no contestaron el cuestionario. Hay mayor riesgo de no contestar a la pregunta de salud percibida cuando existe una discapacidad severa o total con respecto a personas sin discapacidad. Además, en el caso de las personas diagnosticadas de algún tipo de demencia también se observa una mayor probabilidad de falta de respuesta en comparación a las personas no diagnosticadas de demencia.

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Nuestros resultados confirman que el estado de salud percibido es un buen indicador de salud y que está relacionado con la mortalidad. Por tanto, debería ser considerado en sí mismo como un objetivo de salud. Conviene también prestar especial atención a aquellas personas que no contestan a esta pregunta, puesto que la supervivencia en estas es incluso menor que en las que reportaron una mala salud.

Aparte de la salud percibida, es destacable la influencia que tiene la depresión en la mortalidad. Se podría pensar que al detectar la depresión se le presta una mayor atención  al residente lo que repercute en una disminución de  la mortalidad de este; serían necesarios más estudios en residencias que corroboren este fenómeno.

Por todo ello, es recomendable conocer la salud autopercibida de los residentes y  una detección precoz de la depresión por parte del médico. Esta estrategia, junto con programas de actividades en residencias que fomenten las relaciones sociales y la participación en actividades de ocio, pueden mejorar la salud y la calidad de vida de los residentes. Puesto que no existen dos personas iguales con las mismas necesidades, sería de gran ayuda orientar los programas de manera que se adaptaran a cada individuo.

Financiación: Estudio parcialmente financiado por Proyecto de J Damián (Mortalidad en población que vive en residencias de ancianos de Madrid) y Programa ENCAGE-CM (Ref. S2015/HUM-3367)

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Para citar este documento: Alba Ayala García, Pilar Rodriguez-García: ¿Es la salud percibida un buen indicador de mortalidad y supervivencia en población institucionalizada?  Blog Envejecimiento [en-red], 14 de noviembre, 2016. ISSN 2387-1512. Disponible en: http://bit.ly/2fRulRe


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