La espiritualidad y la religiosidad en el envejecimiento


Lorena Gallardo-Peralta. Universidad de Tarapacá, Chile. Investigador visitante en el CCHS-CSIC. Programa ENCAGE-CM

La realidad social muestra que tanto la religiosidad como la espiritualidad son recursos personales de los individuos que actúan como mecanismos protectores que promueven la salud física, mental y bienestar general, especialmente en la etapa de la vejez.  De esta manera, en disciplinas que se caracterizan por la práctica o intervención directa con las personas mayores, como el Trabajo Social, surgen diversas miradas teóricas que comienzan a revalorizar la “religiosidad”, o bien la “espiritualidad”, como una medida de integración social, como una eventual red de apoyo y como un mecanismo de protección para enfrentar las diversas crisis. Es relevante afrontar el abordaje de estas temáticas religioso /espirituales desde un contexto de secularización y neutralidad.

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La religiosidad y la espiritualidad son fenómenos estrechamente relacionados. Por una parte, “la religiosidad… implica las creencias, doctrinas y rituales que distinguen a un grupo de otro. La religión hace hincapié en la participación en una comunidad de fe y la responsabilidad de unos con otros en la comunidad” (Koening, 2004: 76-77). De esta manera, la religiosidad constituye una experiencia social que surge y se desarrolla en comunidad, siendo por tanto su naturaleza eminentemente relacional, social. Por su parte, “la espiritualidad … es individual y personal. Las creencias espirituales pueden ser cualquier tipo de creencia (incluyendo a los no creyentes), y pueden o no incluir la adhesión a cualquier doctrina particular, moral o principio ético” (Koening, 2004: 77). Desde esta perspectiva, la naturaleza de la espiritualidad es singular, específica y personal, pudiéndose identificar como un proceso psicológico. En todo caso, se trata de experiencias vinculadas; tal y como señalan diferentes autores, la religiosidad potencia y contribuye a la experiencia espiritual, que a su vez es compartida en un espacio de práctica social.

De manera concreta, los sujetos pueden alcanzar los beneficios de la religiosidad, también en su proceso de envejecimiento. Durante una experiencia religiosa se adquiere conocimientos, comportamiento, normas y valores que sirven para establecer un vínculo con lo divino y generar un sentimiento de integración vital en un contexto social (Rivera y Montero, 2007). Es decir, el sujeto es parte de una red de apoyo social informal, ya sea la iglesia, el templo, la parroquia, la comunidad religiosa, etc.

A través de la espiritualidad las personas mayores podrían sentir paz interior, manteniendo un sentimiento de esperanza y optimismo frente a la vida, dando sentido a los procesos vitales que experimentan y controlando de mejor manera los acontecimientos estresantes. Todo ello se derivaría del manejo de cosmovisiones útiles para interpretar las preguntas fundamentales de la vida. La espiritualidad permitiría a la persona mayor encontrar armonía para mantener un bienestar integral y la capacidad de adaptarse a los cambios vitales de una manera positiva (Borglin et al., 2005; Wink y Scott, 2005). En otras palabras, las dificultades físicas, psicológicas, sociales y ambientales propias de la vejez se sobrellevan de una manera positiva cuando se dispone de recursos religiosos y espirituales.

Los profesionales que intervienen en contextos gerontológicos deberían plantearse la importancia de incluir las prácticas religiosas y espirituales en los diagnósticos sociales como un indicador de bienestar y de integración en la comunidad, teniendo en cuenta los diversos beneficios que esta práctica individual y social tiene en la vida del sujeto.

Referencias

Koenig, H.G. 2004. Spirituality, wellness, and quality of life. Sexuality, Reproduction and Menopause, 2, 2, 76-82.

Rivera-Ledesma, A. and Montero López, M. 2007. Medidas de afrontamiento religioso y espiritualidad en adultos mayores mexicanos. Salud mental, 30, 1, 39-47.

Borglin, G., Edberg, A.-K. and Hallberg, I.R. 2005. The experience of quality of life among older people. Journal of aging studies, 19, 2, 201-220.

Wink, P. and Scott, J. 2005. Does religiousness buffer against the fear of death and dying in late adulthood? Findings from a longitudinal study. The Journals of Gerontology Series B: Psychological Sciences and Social Sciences, 60, 4, P207-P214.

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