¿Empiezan a envejecer los nombres en México?


Antonio Abellán García. Departamento de Población, CSIC

A través de un estudio sobre remesas de emigrantes hacia México se pueden obtener algunas conclusiones de interés sobre su historia demográfica. Está escrito por Jesús Cervantes, del Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos (CEMLA),  realizado junto a un grupo de trabajo integrado por Normando Rojas, Ana Claudia de la Garza, Anahí Rodríguez y Cindy Sánchez. Lleva por título “Los nombres propios de los remitentes de remesas a México y de los receptores de ese ingreso”. Aporta información no sólo de los nombres de los emigrantes sino también del padrón de habitantes y de nombres de pila históricos.

Como ha sucedido en España, se constata en México la presencia de fuerzas institucionales que han condicionado durante décadas y siglos la forma de nombrar a los recién nacidos. La Iglesia (el fervor religioso) y la familia (sagas familiares) pueden ser señalados como los factores que han mantenido la tradición a la hora de nominar a los bebés. Han predominado históricamente los nombres marianos (María, José, Jesús), en formas simples o en nombres compuestos. Esta tradición tiene siglos, como demostró el estudio de Boyd-Bowman sobre los nombres de pila en México desde 1540 hasta 1950.

Con datos de archivos de remesas, tratados confidencialmente, de donde se toma el nombre de remitentes y destinatarios, se confirma esta tradición mariana. José y María entre los emigrantes, y María y José entre los receptores, son los prinipales nombres de la muestra de remesas analizada. Es posible que se trate de hijos (emigrantes) y padres (receptores). Es significativo que exista un equilibrio de sexos entre los emigrantes y predomine el de mujer entre los receptores. Estos nombres, tradicionales y marianos ¿pueden estar indicando una asociación entre emigración, clases más humildes de donde procede y que éstas permanecen más aferradas a tradiciones seculares?

De hecho el padrón refleja que ya no son los nombres simples más frecuentes; ahora están en el quinto lugar tanto en hombres como en mujeres, aunque en nombres compuestos siguen siendo importantes. El padrón ya empieza a apuntar posibles cambios en la forma de nombrar a los bebés. No hay concentración en unos pocos nombres y empieza la variedad. No tenemos más datos históricos, pero es posible que los nombres tradicionales en retroceso empiecen a envejecer, es decir, sus edades medias serán cada vez más altas, si no existen nuevas remesas de nacidos que rejuvenezcan la edad media de esos nombres tradicionales. El número de hijos por mujer ha caído notablemente en México en las últimas décadas. Quizá las parejas ya no tengan hijos suficientes para replicar nombres de sagas familiares, marianos o no marianos, y decidan buscar nombres alternativos. Un cambio en la forma de nominar a los hijos parece aproximarse.

arbol-enred

Para citar este documento: Antonio Abellán García:  ¿Empiezan a envejecer los nombres en México? Blog Envejecimiento [en-red], 29 de abril, 2016. ISSN 2387-1512. Disponible en: http://bit.ly/1SxYb9M



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