El SAD, muy bien valorado pero con dificultades


Isabel  Fernández Morales. Envejecimiento en red

Los orígenes de la ayuda a domicilio se sitúan en España en la década de los 70. A lo largo de los últimos decenios ha aumentado considerablemente la extensión del Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) entre municipios y usuarios, aunque por debajo de las previsiones. El momento álgido fue 2009 cuando las personas usuarias de este servicio suponían el 5% de la población mayor.

La situación del Servicio de Ayuda a Domicilio en el ámbito local y perspectivas de futuro es el título de la última publicación de la Fundación Pilares dedicada fundamentalmente a la promoción de la autonomía personal de los más vulnerables, en especial los mayores. Esta semana presentaban un estudio realizado en colaboración con la Fundación CASER y la Federación Española de Municipios y Provincias para conocer la situación de estos servicios que nos ayudan a vivir mejor y más tiempo en nuestro domicilio, sobre todo en situación de dependencia. La encuestas confirman que las personas que tienen necesidad de cuidados de larga duración prefieren continuar viviendo en su casa y recibir en ella la atención que necesitan, evitando, hasta donde sea posible, verse obligadas a trasladarse a una residencia.

fpilares-sad

Representantes de Ilunion Sociosanitario, Fundación Vodafone, Fundación CASER, Fundación Pilares, la FEMP, Fundación ONCE

El SAD, muy bien valorado por sus destinatarios

En este estudio de la Fundación Pilares se ha conocido que el SAD es una prestación muy bien valorada por sus destinatarios. Sin embargo, no conocemos muy bien por qué los servicios profesionales domiciliarios que hoy se ofrecen no parecen tener suficiente atractivo y se opta mayoritariamente por la prestación económica para remunerar cuidados familiares que ofrece la ley de Dependencia. De las casi 800 mil personas que reciben prestaciones derivadas del Sistema de Autonomía y Dependencia por encontrarse en situación de dependencia (mayores o no), solo un 15% reciben un servicio de atención profesional en el domicilio (SAD). La mayoría (un 36% de las personas con derecho) ha optado por recibir una prestación económica para remunerar cuidados familiares. Y esta prestación en la mayoría de las CC.AA. es incompatible con servicios formales de atención.

Dificultades del SAD

En este estudio se apuntan diferentes causas. Las listas de espera, el copago de los usuarios, la falta de financiación y de personal cualificado son algunas de las principales dificultades del Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD). Por un lado, tradicionalmente los SAD han sido ofrecidos por los ayuntamientos como una de sus prestaciones básicas, y estos han reducido sus presupuestos por la crisis. En este caso, el coste del servicio y el copago establecido es elevado, y por otro lado, la atención profesional domiciliaria resulta insuficiente en caso de gran dependencia o dependencia severa. Hay otras consideraciones en el estudio sobre por qué no se extienden más estos servicios, destaca la gran dificultad para la prestación del servicio en zonas rurales.

Pero además, aunque aparentemente resulte paradójico,  la propia ley de dependencia ha dificultado su extensión. Los servicios de ayuda a domicilio han sido absorbidos por ella en gran parte como una prestación, pero como una opción más. Y las familias prefieren la opción: las prestaciones económicas para cuidados en el entorno familiar, es decir que sean personas de la familia las que atiendan al dependiente.

Sin embargo, en el este estudio se pone de manifiesto la falta de control sobre la calidad de los cuidados prestados en el entorno familiar y la falta de profesionalización. Es una asignatura pendiente la evaluación de la calidad de los cuidados prestados por los familiares, y el aumento de la formación de los cuidadores que podrían complementarse más y mejor con servicios profesionalizados de ayuda a domicilio o centros de día incluso. Unos servicios que necesitan difundirse más entre los ciudadanos pues no son bien conocidos.

Pilar Rodríguez, presidenta de la Fundación Pilares, señala como fundamental que:

“El cuidado no es solo para las familias pero tampoco es solo para los servicios formales. Tienen que ser complementarios. Esto para vivir en casa pero también para vivir en una residencia. Tenemos que caminar hacia un modelo de atención que sea integral y que esté centrado en las personas para que los mayores mantengan el control de su vida aunque sean dependientes”.

El futuro pasa por lograr que la casa y el propio entorno sean el escenario donde recibir cuidados y servicios. Se busca en este sentido lograr un reparto equitativo de los cuidados entre servicios profesionales y atención familiar para descargar parte del peso que hoy asumen las familias cuidadoras (mujeres en su mayoría).

Pilar Rodríguez, presidenta de la Fundación Pilares destacaba durante la jornada de presentación del estudio La situación del Servicio de Ayuda a Domicilio en el ámbito local y perspectivas de futuro que:

“Cuidar es un bien público, tenemos que promover en la ciudadanía que cuidar es un valor al que no tenemos que renunciar. Tenemos la suerte de tener unas familias generosas, hay que apoyarlas”.

Más información y descarga de la publicación

 



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