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Consecuencias del envejecimiento en la morbilidad hospitalaria

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Antonio Abellán García, Rogelio Pujol Rodríguez. Departamento de Población, CSIC.

El patrón de morbilidad hospitalaria de las personas mayores se mueve al ritmo del envejecimiento demográfico, y en concreto del envejecimiento de los ya viejos, como confirman los últimos datos de la Encuesta de morbilidad hospitalaria 2014, del Instituto Nacional de Estadística. En este artículo observamos algunas de sus características, extraídas del estudio de las altas hospitalarias; un alta se produce por curación, mejoría, traslado a otro centro, fallecimiento o alta voluntaria; se puede contabilizar más de un alta de la misma persona en un año natural. Esas características se pueden resumir: la intensidad de utilización de los hospitales aumenta con la edad; los varones tienen tasas de morbilidad hospitalaria más elevadas que las mujeres; año tras año se repite el orden de los diagnósticos más importantes para las personas mayores: sistema circulatorio, respiratorio, tumores y lesiones; la proporción de cada diagnóstico añade puntos porcentuales según aumenta la edad; finalmente, en una observación temporal, se constata un desplazamiento de la frecuencia de las altas hacia edades más elevadas, es decir, un envejecimiento del patrón de morbilidad en perspectiva histórica.

Las tasas de morbilidad hospitalaria, medida a través de las altas, aumentan con la edad en relación con peores estados de salud y presencia de enfermedades crónicas (Figura 1); estos peores estados de salud, traducidos en cronicidad y multimorbilidad, pueden ser el resultado de una mayor supervivencia de personas enfermas, conseguida precisamente por una mejor atención sanitaria y no sólo por el deterioro normal provocado por la edad. Mayores tasas en las personas mayores, un incremento de esta población de edad y aún mayor de la de más edad, y unas estancias medias en hospital más altas que el resto de la población, conducen a que las personas mayores alcancen ya el 54,9% de todas las estancias hospitalarias (Figura 2).

Las tasas son también más elevadas en hombres que en mujeres a lo largo del ciclo de vida, excepto en las edades de 15-44 años con tasas femeninas mayores producidas por episodios de embarazo, parto y puerperio. Sigue siendo una cuestión compleja el porqué de la diferencia entre hombres y mujeres en las edades adultas y avanzadas, a pesar de que las mujeres declaran peor estado de salud percibido, mayor discapacidad, mayor número de visitas al médico y centro de salud, más enfermedades y mayor cronicidad, indicadores cuyos valores se repiten año tras año en las distintas encuestas nacionales de salud y en los barómetros sanitarios. Las mayores tasas masculinas pueden ser debidas también a que éstos tienen una mayor reincidencia hospitalaria, o a una peor salud real no reflejada en las declaraciones de salud autopercibida. Es posible que se deba a razones no estrictamente de salud, sino más bien relacionadas con el papel de la mujer en el hogar y la familia, y a una menor predisposición a ser ingresada. También es posible que exista un efecto de concentración de las hospitalizaciones en un menor período de tiempo en el caso de los hombres, que tienen tasas de mortalidad más altas y viven menos, o un diferimiento en el caso de las mujeres por su mayor esperanza de vida, lo que acaba afectando a las tasas.

El patrón de diagnósticos de las altas hospitalarias, se mantiene muy similar en los últimos años. Las enfermedades y problemas principales más frecuentes entre las personas mayores son los referidos al sistema circulatorio, respiratorio y lesiones (caídas y otras), por este orden (Figura 3); las más frecuentes en el resto de la población de menos de 65 años presentan cifras muy similares entre los diferentes diagnósticos: problemas del sistema respiratorio, cánceres y lesiones, y también la atención de embarazo y parto, en el caso de las mujeres entre 15-44 años. A lo largo de la vejez, según se va cumpliendo años, se constata un aumento de los tratamientos para enfermedades del sistema circulatorio, respiratorio y los motivados por lesiones (caídas y fracturas); éstas superan en importancia a los cánceres a partir de los 85 años de edad, diagnóstico que además disminuye en proporción respecto a edades previas.

Comparada la situación actual con la del año 2000, se aprecia un desplazamiento de la mayor utilización hospitalaria hacia edades más elevadas, como consecuencia del proceso de envejecimiento (mayor número de personas de edad en los grupos superiores de la pirámide), y posiblemente también por una mayor frecuencia en los tratamientos de estas personas de más edad, como se ha dicho antes; si sobreviven en mayor medida personas con enfermedades, es posible que esto quede reflejado en una mayor utilización hospitalaria (de 1,6 millones de altas en 2000 de la población de edad se ha pasado a 2,0 millones), por un lado, y en un desplazamiento en la edad de las altas, por otro (Figura 4).

Para citar este documento: Abellán García, A. y Pujol Rodríguez, R. Consecuencias del envejecimiento en la morbilidad hospitalaria. Blog Envejecimiento [en-red], 30 de noviembre, 2015. ISSN 2387-1512. Disponible en: http://bit.ly/1OzcyXO

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