Un cambio radical para el envejecimiento


Rafael Castro-Fuentes. Departamento de Ciencias Médicas Básicas, Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad de La Laguna.

La mayoría de las enfermedades crónicas humanas aumentan con la edad, sin embargo, en investigación se utilizan en general modelos murinos que invocan tales patologías en ratones jóvenes. Con el fin de mejorar la longevidad, una de las cuestiones claves que deben ser abordadas es el envejecimiento. Hoy en día, nuestra comprensión de la determinación de la vida útil es mucho mayor de lo que era en el pasado, pero todavía hay muy pocas intervenciones administrables para la mejora de la longevidad.

Un punto de vista tradicional, y que incluso predomina en la medicina contemporánea (incluyendo geriatría) es que, si bien el envejecimiento (senescencia) aumenta el riesgo de la enfermedad en la edad avanzada, el envejecimiento en sí no es una enfermedad. El envejecimiento es retratado regularmente como parte sana del ciclo vital que da sentido y dignidad a la condición humana (Kass, 1983). Ésta aceptada como buena visión del envejecimiento, denominado apologismo, tiene una larga tradición histórica (Gruman, 1966). La preocupación es manifiesta cuando al designar al envejecimiento “patología”, pueda estigmatizarse y degradarse a los ancianos, a la vez que el tratamiento del envejecimiento llevaría a una superpoblación catastrófica y al agotamiento de los recursos naturales.

Para mitigar estas preocupaciones, el objetivo de investigación sobre el envejecimiento es definido a veces como para no intervenir en el envejecimiento en sí, sino más bien para reducir la incidencia de enfermedades relacionadas con la edad. La cuestión de si el envejecimiento debe ser visto como una enfermedad o un proceso no patológico acompañando la enfermedad se ha discutido desde la época clásica. Sin embargo, lo cierto es que desde la perspectiva de la biogerontología moderna, es decir, en términos de la fenomenología biológica, no hay realmente ninguna razón clara para distinguir el envejecimiento de la patología.

El envejecimiento es un proceso caracterizado por un amplio espectro de patologías, la suma de las cuales lleva inevitablemente a la muerte. Podría decirse que la idea de que las personas ancianas mueren sin patología es absurda: en términos biológicos, por definición, factores endógenos suficientemente perjudiciales para causar la muerte deben implicar una severa patología. En pocas palabras: “Nadie muere de senescencia saludable” (Blagosklonny, 2006).

La noción de la muerte desde el “envejecimiento puro” (es decir, el envejecimiento sin patología) es sin duda un mito. Un origen de este mito puede estar en que algunos aspectos del envejecimiento son más identificables como patologías que otros. Como ejemplos, uno no puede equivocarse al identificar el cáncer y la degeneración macular como patologías, pero este no sería el caso para la sarcopenia y la osteoporosis.

La salud humana se ha definido en términos no sólo de la ausencia de enfermedad, sino también de la presencia de un nivel de función que es típico de los seres humanos de una edad y género dados (Boorse, 1977). Por este punto de vista, dado que todas las personas de edad lo experimentan, el envejecimiento es un proceso normal y por lo tanto distinto de la enfermedad – a pesar del hecho de que está acompañado por un amplio espectro de enfermedades.

Claves para una resolución de esta paradoja se pueden encontrar en la teoría evolutiva del envejecimiento, que ofrece una perspectiva biológica del propósito y el significado de este proceso. De acuerdo con la teoría de la evolución, el envejecimiento es una consecuencia de una reducción en la fuerza de la selección contra mutaciones con efectos nocivos. Esto conduce a la acumulación en las poblaciones de alelos con efectos nocivos posteriores en la vida – en particular alelos que también tienen efectos beneficiosos sobre la aptitud reproductiva en la vida temprana. La teoría evolutiva ofrece la visión sombría de que el envejecimiento no sirve para nada en términos de aptitud, sino que es una enfermedad genética mortal que afecta a todos los seres humanos.

Posiblemente, la importancia de la universalidad del envejecimiento humano no sea que el envejecimiento no es una enfermedad, sino más bien que se trata de una forma especial de enfermedad. Como dice el Dr. Gems, del Institute of Healthy Ageing and Department of Genetics, Evolution and Environment, University College London, argumentar que el envejecimiento no es una enfermedad en virtud de su universalidad es tan inútil como lo es para argumentar que el Basenji no es un perro, ya que no ladra.

La adopción por la medicina de un enfoque anti-envejecimiento para mejorar la salud en la vejez llevaría consigo un cambio radical, incluso revolucionario. Implicaría, por ejemplo, una re-conceptualización de la naturaleza del envejecimiento y de la relación entre el envejecimiento y la enfermedad, la introducción de un enfoque preventivo para la enfermedad relacionada con la edad, un papel más activo del paciente en la gestión de su propia salud en la tercera edad – e incluso enseñar a los estudiantes de medicina sobre la biología del envejecimiento.

Referencias:

– Kass, L., The case for mortality. Am. Sch. 52, 173–191 (1983).

– Gruman, G.J., 1966. A history of ideas about the prolongation of life. Trans. Am     Philos. Soc. 56, 1-97 (1966).

– Blagosklonny, M.V., Aging and immortality: quasi-programmed senescence and its pharmacologic inhibition. Cell Cycle 5, 2087–2102 (2006).

– Boorse, C., Health as a theoretical concept. Philos. Sci. 44, 542–573 (1977).

Email: jrcastro@ull.edu.es

arbol-enredPara citar este documento: Castro-Fuentes, R. Un cambio radical para el envejecimiento. Blog Envejecimiento [en-red], 14 de julio, 2015. ISSN 2387-1512. Disponible en: https://envejecimientoenred.wordpress.com/2015/07/14/un-cambio-radical-para-el-envejecimiento/

 

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