Ni la edad jubilatoria ni la calidad de la protección, la reforma necesaria en la Seguridad Social es su modalidad de financiamiento


Sol Minondo. Doctora en Ciencias Sociales, investigadora de CIECS – COINICET en Argentina

El inexorable proceso de envejecimiento de la población ha encendido las alarmas sobre las dificultades para financiar las pensiones, que se irían profundizando a medida que el proceso de avance. Más años de retiro por un lado, y menos cotizantes por otro, parecería una combinación naturalmente conflictiva para la seguridad social. Y de hecho, lo es, siempre que el financiamiento permanezca atrapado en la lógica contributiva.

Habiendo nacido como sistemas contributivos, los de seguridad social se han mantenido históricamente apegados a un paradigma de financiamiento en el que la solvencia para afrontar mayores gastos de protección social no depende de la capacidad productiva de las sociedades tanto como de la proporción que en ellas haya entre trabajadores cotizantes y pensionados. En este marco, si hubiese una proporción idéntica entre trabajadores y retirados, daría lo mismo que el PBI sea el de Alemania que el de Angola, como si se pudiera hablar de solvencia o insolvencia para afrontar los gastos sociales sin siquiera tener en cuenta el PBI. La ausencia de esta variable clave, es decir el PBI, es lo que habilita preguntarse sobre la capacidad explicativa de los indicadores de dependencia de la vejez, usados muchas veces para sacar conclusiones sobre las dificultades económicas que el envejecimiento conlleva para el presente y el futuro.

Cierto es que las consecuencias del envejecimiento son devastadoras para los sistemas contributivos dado que, como refleja el indicador de dependencia de la vejez, se incrementa potencialmente la cantidad de beneficiarios y de años de beneficios de la seguridad social a la vez que se reduce la base cotizante. Pero de este hecho no se deduce de manera automática, sin embargo, la sostenibilidad o insostenibilidad de afrontar los gastos de protección que el envejecimiento conlleva. Cualquier indicador que pretenda determinar la posibilidad de las sociedades para afrontar los gastos de protección de la vejez debe, necesariamente, tener en cuenta el PBI.

Con este fin se proponen tres indicadores de sostenibilidad del envejecimiento: Suficiencia, Disponibilidad y Presión redistributiva intergeneracional. Que una sociedad alcance el nivel de “Presión redistributiva intergeneracional Nula” implica que el crecimiento de PBI ha neutralizado completamente el impacto económico del envejecimiento ya que, con una hipotética cobertura universal y un hipotético ingreso constante por anciano (con idéntica capacidad de consumo a lo largo del tiempo), el gasto previsional no se incrementará en términos de PBI. En este caso se constata que existen recursos para afrontar los gastos de protección del envejecimiento, algo que podría ocurrir aun en coyunturas en que los indicadores de dependencia de la vejez alienten al pesimismo.

En suma, si la existencia de recursos se constata, la insolvencia de los sistemas contributivos, así como los conflictivos valores de la relación de dependencia, podrán ser interpretados como indicios de las restricciones distributivas implícitas en el modelo que basa el financiamiento de la seguridad social en cotizaciones, y por tanto en la necesidad de problematizar ese paradigma de financiamiento, en lugar de problematizar el envejecimiento de la población.

Como puede verse en los gráficos debajo, el envejecimiento en España no ha supuesto problemas de sostenibilidad y difícilmente lo haga a futuro, dado que aun una leve caída futura del PBI no alcanzaría para comprometer su sostenibilidad. Otra modalidad de financiamiento, respaldada en otro paradigma distributivo, sería posiblemente la clave para garantizar la solvencia de la seguridad social, aunque las tendencias demográficas continúen profundizándose.

FUENTE: Elaboración propia en base a datos de Banco Mundial (2014) Nota: Supuesto de ingreso por anciano constante equivalente a un PBI per cápita de 1960

FUENTE: Elaboración propia en base a datos de Banco Mundial (2014)
Nota: Supuesto de ingreso por anciano constante equivalente a un PBI per cápita de 1960

Fuente: Elaboración propia en base a datos del INE (2014) y Eurostat (2014)  Nota: Supuesto de ingreso por anciano constante equivalente a la jubilación media de 2010 (a precios constantes)

Fuente: Elaboración propia en base a datos del INE (2014) y Eurostat (2014)
Nota: Supuesto de ingreso por anciano constante equivalente a la jubilación media de 2010 (a precios constantes)

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arbol-enredPara citar este documento: Minondo, S. Ni la edad jubilatoria ni la calidad de la protección, la reforma necesaria en la Seguridad Social es su modalidad de financiamiento. Blog Envejecimiento [en-red], 6 de noviembre, 2014. ISSN 2387-1512. Disponible en: https://envejecimientoenred.wordpress.com/2014/11/06/ni-la-edad-jubilatoria-ni-la-calidad-de-la-proteccion-la-reforma-necesaria-en-la-seguridad-social-es-su-modalidad-de-financiamiento/

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