Envejecimiento, una alarma innecesaria: Ganamos salud, perdemos dependencia


Isabel Fernández Morales. Comunicación. Envejecimiento en red. Departamento de Población. CSIC

Hace pocos días la BBC se hacía eco de un análisis publicado en el British Medical Journal, sobre las consecuencias del envejecimiento de la población, en el que se negaban las advertencias apocalípticas ante el supuesto e insostenible aumento de  personas mayores demográficamente dependientes.

Jeroen Spijker y John MacInnes, investigadores de la School of Social and Political Science de la Universidad de Edinburgo, defienden que las medidas actuales frente al envejecimiento de la población son engañosas y que el número de personas mayores dependientes en el Reino Unido y otros países están cayendo en los últimos años. Afirman que tanto los efectos pronosticados como el alcance y la velocidad del envejecimiento de la población han sido exagerados. Según ellos,  el error está en asumir que todos los pensionistas son dependientes y que todos los adultos en edad de trabajar son trabajadores.

El envejecimiento de la población es una preocupación en todos los países desarrollados. Por primera vez,  hay más personas mayores de 65 años en el Reino Unido que niños menores de 15 años. Durante el siglo pasado, la proporción de mayores de 65 años ha pasado de ser uno de cada 20 a alrededor de uno de cada seis. Este envejecimiento de la población preocupa a los responsables políticos ya que por cada trabajador que paga impuestos y seguros hay más ciudadanos mayores con más demandas en seguridad social, salud y sistemas de bienestar y con mayor aumento de la morbilidad y la discapacidad.

El indicador estándar del nivel de envejecimiento de la población es la tasa de dependencia (relación entre la población en edades no activas y la población en edad activa). Se toma el número de personas que han alcanzado la edad de jubilación y lo divide por el número de adultos en edad de trabajar (16-64 años), con el fin de estimar la proporción de personas mayores en relación con los que pagan por ellos.

Sin embargo, para los autores de este análisis, titulado “Population ageing: the timebomb that isn’t?”, la tasa de dependencia demográfica es una medida deficiente para valorar la carga de una población que envejece. No cuenta ni el número de personas mayores dependientes, ni el número de los que los sustentan. Simplemente toma un punto de corte (la edad de jubilación ) y asigna los adultos a los dos lados de la relación.

Esta medida no tiene en cuenta las mejoras en la situación económica, social y física de las personas mayores. El aumento de la esperanza de vida hace a las personas mayores “más jovenes” y más saludables, dicen los autores. En términos agregados, en comparación con la de hace 100 años, la población actual es mayor en términos de años vividos pero más joven en términos de años por delante. También señalan que, a causa del desempleo, en la actualidad hay más personas dependientes en edad de trabajar que personas mayores que no trabajan.

Este artículo propone una medida alternativa que da una imagen más precisa y muy diferente y que considera las implicaciones de sus resultados para la política sanitaria.

Su medida alternativa utiliza la “esperanza de vida restante” (en lugar de medir cuánto de mayor es alguien), que dicen es un mejor indicador de la aparición de la dependencia. Así,  su propuesta de una “tasa de dependencia real de las personas mayores” registra la proporción de personas con una esperanza de vida residual de hasta 15 años y la divide por el número de personas que en la actualidad trabajan, independientemente de la edad.

Cuando se mide utilizando la esperanza de vida restante, la dependencia de los mayores disminuye considerablemente en el Reino Unido (la dependencia de la tercera edad se redujo en un tercio) y en otros lugares durante las últimas décadas y es probable que se estabilice en el Reino Unido cerca de su nivel actual.

Según los investigadores, la capacidad de los sistemas sanitarios para hacer frente al aumento de la longevidad dependerá de la relación cambiante entre la morbilidad y la esperanza de vida restante y, en particular, el efecto de la educación. El artículo del BMJ sugiere que los factores clave para decidir el impacto en los presupuestos de atención serán los conocimientos médicos y la tecnología.

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One Comment on “Envejecimiento, una alarma innecesaria: Ganamos salud, perdemos dependencia”

  1. […] El artículo de Isabel Fernández, del departamento de población del CSIC “Envejecimiento, una alarma innecesaria: Ganamos salud, perdemos dependencia” ahonda en lo mismo: El aumento de la esperanza de vida hace a las personas mayores “más […]


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