Envejecimiento y viabilidad del sistema sanitario y de atención a la dependencia


Antonio Abellán García. Departamento de Población, CSIC

El envejecimiento es ante todo un éxito de las políticas de salud pública y de desarrollo social y económico. No nos arrepintamos de ello. En los últimos lustros se han mejorado las condiciones de vida de los mayores, su garantía de ingresos, merecida tras largas carreras laborales; su salud, tras avances médicos y de acceso a la protección social. No se puede ocultar que ese envejecimiento y mayor longevidad tienen una faceta de desafío para las finanzas públicas y la cohesión social. Sus implicaciones son muy variadas: pensiones, sistema sanitario, atención a la dependencia y un largo etcétera de transferencias intergeneracionales y cuestiones familiares, sociales, políticas y psicológicas. Pero conviene resaltar que la economía puede continuar creciendo gracias al aumento de la participación en la fuerza laboral y de la productividad.

Las necesidades de atención sanitaria se incrementan con la edad y se suelen concentrar en los años finales de la vida. Pero el gasto sanitario no sólo depende de la edad sino sobre todo del estatus de salud de la persona. Parte de los años ganados por mayor longevidad lo son en buena salud. Se vive más porque se vive mejor.

El reto del sistema sanitario consiste en retrasar lo más posible la aparición de la morbilidad crónica (enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, etc.). Si la salud de los mayores no se deteriora y se retrasa la cronicidad desciende la presión sobre el sistema sanitario. Esto forma parte de la estrategia de envejecimiento activo de la OMS: optimizar las oportunidades de salud para mejorar la calidad de vida de las personas que envejecen, promocionando la salud y previniendo las enfermedades. Con la estrategia ganan los mayores y se ahorran costes.

Escultura pareja de ancianos, BurgosEl otro reto del envejecimiento es afrontar la discapacidad, que también se incrementa con la edad y se traduce en demanda de cuidados de larga duración. De nuevo, la solución estriba en evitar la aparición de la discapacidad y/o retrasarla a los años finales de la vida. No existen estudios contundentes sobre la evolución de la entrada en discapacidad, pero se aprecia un retraso, una compresión hacia el final de la vida, lo que es una señal de menor presión sobre el sistema de cuidados.

El espectacular incremento en la esperanza de vida se ha acentuado durante las últimas décadas, y continuará; en el pasado ha sido debido a mejoras en la medicina y en la higiene y salubridad públicas; los avances en la producción y distribución de alimentos, la mejora de la nutrición, las nuevas formas de organización familiar, social, económica y política también están detrás de ese incremento. En el futuro, posiblemente, los factores genéticos y la investigación médica tendrán una importancia decisiva en la longevidad. Pero no olvidemos que buena parte de esos años ganados a la muerte se viven y vivirán en buen estado de salud y eso alivia la presión sobre el sistema sanitario.

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